sábado, 28 de enero de 2017

¿Somos legión?



La corrección política ha tomado por asalto a la sociedad actual, utilizando como herramienta principal para auditar y censurar, una medio que suponemos debía ser el refugio de las libertades, Internet; como agentes de seguridad permanentes, como el ojo que todo lo ve, como el big brother a la sociedad misma, persiguiéndose unos a otros investidos de una superioridad moral auto atribuida basada en la concordancia con los “valores” que los ingenieros sociales en turno han establecido.
En los años sesenta, los medios de adormecimiento social fueron el LSD y la marihuana, masificando la doctrina mas conveniente a través del movimiento hippie que tenía el antibelicismo como valor de referencia; para la generación actual los medios de adormecimiento se reforzaron con las redes sociales, y su marco de referencia moral, el vacío discurso de los derechos humanos.
La consecuencia en ambos casos, el desgaste de una sociedad enfrentada entre sí, evitando con ello hacer frente a quienes ostentan el poder político. En ambas generaciones dicho poder recae en los mas estrictos representantes de “la derecha”.
Las comunidades de Facebook y Twitter son la nueva policía política, al mas puro estilo de aquellas que sostuvieron regimenes autoritarios como la Alemania Nazi y la URSS; parte de un aparato represor basado en el miedo, prefiriendo señala al otro antes de ser señalado uno mismo.  Pero la censura no sirve de nada, jamás elimina aquella conducta sobre la cual se enfoca, sino que esconde fajo al alfombra, la agazapa dentro de las sociedades a tal punto que al reaparecer, regresa peligrosamente exacerbada, de ahí el “inexplicable” éxito de Trump, Le Pen, Macri o Temer, mientras la “informada” generación que debía hacerles frente, mi generación, los millennials,  se destrozaba ente sí en los muros de Facebook, indignados por todo, en lugar de salir a votar o tomar las calles para defender la democracia. Creo que después de todo, sí soy parte de ese “remolino de imbeciles de buena voluntad” del que hablaba Sabines, definitivamente pertenezco a esa legión de idotas de la que habló Humberto Eco, después de todo el Internet es un servicio que requiere pago, es decir ,con esta herramienta no solo estamos dispuestos a lesionar la libertad de expresión, sino que hasta pagamos por nuestro derecho de asesinarla.
Propongo, por ello, combatir la xenofobia y la discriminación en general, resignificando el lenguaje, y no censurando como ejemplifica la comunidad gay al transformar el termino “queer”. Vaciar de contenido ofensivo ciertos términos,  tomar las armas y cargarlas con balas de salva. 

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